Margarita, mujer rarámuri, originaria de Masahari, camina con la frente en alto pese a los rayos del sol que hacen difícil la marcha; con una pequeña en brazos y Omar Antonio de la mano, acuden a recibir los apoyos que les dan, pero la caminata no es fácil pues suman dos horas las que han andado sin cesar.
Con un poco de sudor, ajetreada y con la esperanza de recibir algo de alimento se detiene para platicar, aunque sea en monosílabos, pues es algo tímida; no obstante, ello no bastó para decir que la sequía fue difícil, faltó agua y con ello semillas.
Con 10 hijos de familia, el esposo desempleado porque no hubo siembra, su visión es optimista y alentadora, porque ante todo tienen por quién luchar, señala Margarita.
El camino es largo, pero vale la pena y aunque la despensa dure solo un tiempo, eso es suficiente para mitigar la necesidad que decenas de familias tarahumaras tienen y que día a día lo viven.
Mientras tanto, Margarita no cesa, camina y llega a formarse para que el regreso sea más consolador, porque no se irán con las manos vacías.