Tras más de seis décadas en el poder, Cuba enfrenta uno de los escenarios más delicados de su historia reciente. La isla vive una crisis profunda marcada por el colapso económico, apagones constantes, escasez estructural y un éxodo migratorio masivo. A este deterioro interno se suma ahora una estrategia de máxima presión desde Estados Unidos, encabezada por el presidente Donald Trump y el secretario de Estado Marco Rubio.
La política estadounidense busca asfixiar al régimen cubano sin petróleo ni divisas, limitando el suministro energético y golpeando sectores clave como el turismo y las misiones médicas. A diferencia de otras crisis, Cuba hoy no cuenta con un aliado externo capaz de sostenerla, mientras Venezuela ya no cumple ese papel.
Aunque el gobierno reconoce la gravedad del momento, rechaza reformas políticas de fondo. La gran incógnita no es solo si el régimen puede caer, sino qué ocurriría después y con qué consecuencias para la estabilidad del país.